9 de noviembre de 2017

Comentario de Olvidadas, de Rosa Montero

Aquí podéis ver un ejemplo de cómo podría quedar el Resumen, Tema y Comentario crítico. En cuanto a la Organización de las ideas, lo podéis ver en la fotocopia repartida en clase.


RESUMEN:

Los talibanes siguen atentando contra colegios de niñas porque piensan que la mujer no tiene derecho a una formación académica. Este fue uno de los motivos que propició la intervención occidental en Afganistán, pero una vez “normalizada” la situación parece que nos hemos olvidado del problema. Es más: se pretende financiar la vuelta de los talibanes a la sociedad afgana, con el peligro que esto supondría para las mujeres de aquel país. Y, desgraciadamente, no son las únicas en el mundo sometidas a un trato discriminatorio que, comparado con el racismo, pasa injustamente desapercibido.

TEMA:

La discriminación de la mujer en el mundo: un asunto sin resolver. 

COMENTARIO CRÍTICO: (por Joaquín Carrillo Gracia)

El texto que tenemos que analizar es un artículo de opinión de Rosa Montero que pretende servir para que tomemos conciencia de la lamentable realidad de la mujer en muchas partes del planeta, y para criticar la hipocresía, ineficacia y cinismo de lo que la autora llama “alta política”, única instancia que pudiera tener capacidad para solucionar algo.


Ya desde el título se nos plantea la cuestión mediante el participio en femenino “olvidadas”. El título es muy representativo del contenido del texto, ya que de alguna forma representa lo que vamos a leer a continuación. Siendo aparentemente objetivo, resulta particularmente acertado, por las connotaciones que aporta la palabra “olvidadas”. El olvido es algo terrible: lo que no se recuerda no existe, nadie muere del todo mientras haya quien lo recuerde. La autora, con plena conciencia, titula su texto con esa sola palabra, sabedora de lo que ella contiene. Sabe que las mujeres que sufren los horrores que menciona en el texto son cadáveres en vida, personas anuladas, privadas de lo más esencial de la existencia: la dignidad. Se les roba la dignidad porque se les niega la libertad, y hasta la identidad que confiere el propio rostro, que permanece oculto tras el burka.

Los talibanes son, en principio, el pretexto de la autora para presentar la terrible realidad. Se vale de ellos porque son, por los “caprichos” de las noticias, los que pueden llamar más la atención. Durante mucho tiempo han sido portada, hemos almorzado cada día con sus horrores, hemos deseado que alguien acabara con ellos: efectivamente los medios de comunicación, al servicio siempre de los poderes establecidos, lograron su objetivo de  justificar cualquier acción contra ellos, cuando la realidad parece demostrar que había otros intereses. Y si no es así, ¿cómo se explica que ahora se pretenda reintegrar a los talibanes al lugar de donde tantas vidas costó echar? ¿Acaso los talibanes han sufrido una transformación ideológica? Obviamente no. Lo lamentable es que esas noticias, como la del atentado de Pakistán, se hayan incorporado a nuestra mente como un ruido del día a día, y que ya no nos estremezca la muerte de unas niñas cuyo único pecado es querer aprender, o, tal vez, haber nacido hembras.

Se intervino en Afganistán (y se sigue interviniendo), alegando hipócritamente cuestiones éticas, las mismas que concurren en  otras muchas partes del mundo, sin que sus cínicos dueños hayan movido un dedo, ni siquiera han alzado la voz para denunciar nada. ¿Acaso las mujeres de Arabia Saudí no sufren el horror de la discriminación? Pero ese país es amigo. ¿Qué hay de los países olvidados (otra vez el olvido) de África?  Es que allí no hay nada, nada que sacar digo, ningún beneficio.

Resulta llamativo que en los tiempos que vivimos la discriminación contra la mujer siga siendo una realidad, incluso en países occidentales. No obstante, hay que reconocer que se están dando pasos importantes en este terreno, por ejemplo con la discriminación positiva, con los porcentajes de representación de las mujeres, leyes de conciliación familiar, etc. Resulta igualmente llamativo que en el ámbito de la política interior sí se adopten medidas concretas, pero que exista tanta hipocresía cuando se trata de relaciones internacionales. La verdad es que la dificultad de las relaciones internacionales debe ser mucha: no creo que deba ser fácil imponer nuestra concepción del mundo en lugares que poseen otras culturas, forjadas a lo largo de la historia; a lo mejor tampoco nadie tiene derecho a hacerlo.

Obviamente la autora tiene razón, y Gabriela Cañas también. Hay que luchar contra la discriminación racial o la xenofobia (aún una lacra en el mundo), pero también contra la discriminación sexual y cualquier otra injusticia. Y debemos escandalizarnos porque la discriminación exista, pero también porque se adopten sanciones contra determinados países por cuestiones políticas alegando motivos morales, y no se adopten contra otros donde las violaciones de los derechos humanos son sistemáticas, pero llevadas a cabo por un régimen dirigido por amigos de EEUU, o de Rusia, o de China, los cínicos de la alta política, junto a una larga lista de países cómplices de unos y otros.

No perdamos la capacidad de estremecernos y escandalizarnos por las injusticias del mundo, y el cinismo también es una gran injusticia. Si dejáramos de hacerlo, seríamos unos derrotados, unos monigotes globalizados, que quizás sea lo mismo.


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